Las grandes figuras de la OEACP

 Las grandes figuras de la OEACP

Desde la Asociación de Estados Africanos y Malgaches (EAMA) en 1963 hasta el Grupo ACP en 1975, pasando por la OEACP en 2003, desde el senegalés Senghor hasta el zambiano Hichilema, pasando por el jamaicano Manley, ellos son los que han marcado la historia de la organización. Esta última entrada sobre la historia de la organización repasa el papel de estas figuras políticas en la defensa de la soberanía, la cooperación Sur-Sur y el diálogo con Europa.

Algunas personalidades han marcado la historia de la EAMA, el Grupo ACP y la OEACP desde 1963, desempeñando un papel clave en el diálogo entre el Sur global y Europa. Este último episodio de nuestra historia de la organización rinde homenaje a estos líderes que han trabajado por la soberanía y el desarrollo de sus países.

La EAMA (1963-1975)
Los pioneros de la independencia y la cooperación

En 1963, África es un continente en ebullición. Las independencias, a menudo recién conquistadas, resuenan como gritos de libertad tras décadas de dominación colonial. La Asociación de Estados Africanos y Malgaches (EAMA) nace en este contexto, bajo los auspicios de la Convención de Yaundé. Los jefes de Estado y de Gobierno de este periodo son constructores de naciones, cuyos nombres aún resuenan hoy en día.

Uno de los personajes más emblemáticos de esta época esLéopold Sédar Senghor, presidente de Senegal entre 1960 y 1980. Poeta e intelectual, encarna la síntesis entre la tradición africana y la modernidad. Al frente de la EAMA, defiende una visión de la cooperación Norte-Sur basada en la igualdad y el respeto mutuo. Su carisma y elocuencia durante las negociaciones con la Comunidad Económica Europea (CEE) permitieron sentar las bases de una asociación económica que ofrecía oportunidades a los jóvenes Estados africanos. Senghor dio voz a África en la escena mundial, abogando por una«civilización de lo universal»en la que cada cultura encontrara su lugar.

Paralelamente,Ahmadou Ahidjo, presidente de Camerún entre 1960 y 1982, también desempeña un papel clave en la EAMA. Pragmático y discreto, se esforzó por estabilizar su país y consolidar las relaciones con la CEE. Bajo su impulso, Camerún se convirtió en un actor central de las negociaciones de Yaundé, abogando por ayudas financieras y un acceso preferencial al mercado europeo para los productos agrícolas africanos.

El Grupo de Países ACP (1975-2003)
Una alianza ampliada para un mundo multipolar

En 1975, la EAMA evolucionó para convertirse en el Grupo ACP con la firma del Convenio de Lomé. Este nuevo acuerdo amplió la asociación a los países del Caribe y el Pacífico, formando un bloque de 46 naciones (que con el paso de los años pasó a ser de 79). En aquella época, líderes carismáticos trabajaban para reforzar la voz de los países en desarrollo en el contexto de la Guerra Fría.

Kenneth Kaunda, presidente de Zambia entre 1964 y 1991, fue una figura clave en esta transición. Apodado el«Gandhi africano»por su compromiso con la no violencia, Kaunda utilizó la plataforma ACP para defender los intereses de los países sin litoral, como Zambia, que dependían de las exportaciones de cobre. Durante las negociaciones de Lomé, insistió en la importancia del fondo STABEX, destinado a estabilizar los ingresos de las exportaciones agrícolas y mineras. Su liderazgo humanista y su integridad lo convirtieron en una voz respetada, incluso ante las tensiones geopolíticas de la época.

En el Caribe,Eric Williams, primer ministro de Trinidad y Tobago entre 1956 y 1981, marca la entrada de los países caribeños en el Grupo ACP. Historiador de formación, Williams aportó una perspectiva intelectual a los debates, abogando por la diversificación económica y la reducción de la dependencia de las antiguas potencias coloniales. Su visión de la cooperación regional en el Caribe influyó en las negociaciones ACP, reforzando la unidad del grupo frente a Europa.

También cabe mencionar aMichael Manley, primer ministro de Jamaica entre 1972 y 1980 y entre 1989 y 1992. El líder del Partido Nacional del Pueblo (PNP) es una figura clave de los ACP que aportó una visión socialdemócrata al diálogo ACP-UE. Su compromiso con los derechos de los trabajadores, la educación y la igualdad social, así como sus fuertes vínculos con los dirigentes cubanos, provocaron tensiones con los Estados Unidos, pero reforzaron su aura en los países del sur. Una prueba de su popularidad es su reelección en 1976, a pesar de la violencia política y la instauración del estado de emergencia en Jamaica. Carismático y decidido, encarnaba la aspiración de las naciones caribeñas a la autonomía económica y política frente a las grandes potencias.

En el Pacífico,Ratu Sir Kamisese Mara, primer ministro de Fiyi entre 1970 y 1992, encarna la voz de los pequeños Estados insulares. Carismático y diplomático, Mara consigue que se escuchen las preocupaciones específicas de las naciones del Pacífico, en particular en cuestiones relacionadas con la pesca y la vulnerabilidad climática, en un contexto dominado por los gigantes africanos. Su papel en la consolidación del Grupo ACP ilustra la importancia de la solidaridad transcontinental.

La OEACP (2003-actualidad)
La era de los retos globales

En 2003, el Grupo ACP se convierte en la Organización de Estados de África, el Caribe y el Pacífico (OEACP) con el fin de coordinar su acción a escala mundial. En un contexto de globalización y crisis importantes, sus dirigentes se enfrentan a nuevos retos.

Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica entre 1999 y 2008, es una figura clave de los inicios de la OEACP. Basándose en el concepto filosófico y político denominado «Renacimiento africano», ideado por Cheikh Anta Diop y promovido por Nelson Mandela, Mbeki defiende una visión de autonomía económica e integración regional, pero también una visión de África centrada en la cohesión social, la democracia, la reconstrucción económica y el posicionamiento de África como actor principal en la escena geopolítica mundial. Su liderazgo intelectual y su compromiso con la NEPAD (Nueva Alianza para el Desarrollo de África) marcan una etapa decisiva en la modernización de las relaciones ACP-UE.

Perry Christie, ex primer ministro de las Bahamas, reforzó la posición del Caribe en la OEACP al destacar la vulnerabilidad de los pequeños Estados insulares al cambio climático y abogar por una mejor financiación climática y una mayor integración regional.

Más recientemente,Hakainde Hichilema, presidente de Zambia desde 2021, encarna una nueva generación de líderes de la OEACP. Economista de formación, Hichilema defiende la transparencia, lucha contra la corrupción y promueve asociaciones equitativas con la UE. También apoya políticas centradas en la innovación y la juventud en las cumbres de la OEACP.

Legado de compromiso y visión

Desde Senghor hasta Hichilema, las grandes figuras de la EAMA, el Grupo ACP y la OEACP han dejado un legado de ambición y solidaridad. Estos diferentes líderes políticos, procedentes de contextos diversos, han sabido transformar retos colosales —descolonización, inestabilidad económica, cambio climático— en oportunidades para reforzar la voz de sus naciones. Todos ellos, a su manera y en sus respectivos ámbitos, contribuyeron a la construcción de la cooperación Sur-Sur y Norte-Sur, imperfecta pero esencial, que sigue configurando las relaciones internacionales.

Desde el Convenio de Lomé de 1975, marcado por la influencia visionaria de los líderes mencionados anteriormente, la organización ha sabido evolucionar ante los cambios geopolíticos y económicos, desde la descolonización hasta la globalización. Su transición a la OEACP en 2020, con el Acuerdo de Samoa, reforzó su autonomía y su compromiso con el desarrollo sostenible, la resiliencia climática y la gobernanza. Sin embargo, su dependencia financiera de la UE, a través de instrumentos como el NDICI y el EFSD+, limita su independencia estratégica, lo que suscita críticas sobre la alineación de sus prioridades. Sus fundadores encarnaron una búsqueda de soberanía y solidaridad transcontinental, creando una plataforma única para las 79 naciones miembros.

De cara al futuro, la OEACP deberá diversificar su financiación y reforzar la coordinación entre sus miembros para defender plenamente las aspiraciones del Sur global en un mundo multipolar, al tiempo que consolida su papel como puente entre la cooperación Norte-Sur y las ambiciones Sur-Sur.